Gatos Haiku III – Temple of the cat
November 28th, 2007La mentira oficial ha sido bien pergeñada: “hace casi diez milenios los egipcios domesticaron al Felis chaus y al Felis silvestris lybica en el gato doméstico que hoy conocemos. Era una relación de mutualismo en la cual unos se libraron de ratas y otras pestes y los otros se garantizaron protección y alimento…” Pura falacia. Lo cierto es que todo el desarrollo del pueblo del Nilo estaba al servicio de los gatos. La muerte de un faraón era una simple excusa para las pirámides que los inmortalizaran. Una vez erigidas, los gatos podían reinar a sus anchas, echar maldiciones, y esperar, agazapados, el sacrificio de algún ladrón de tumbas -o investigador del British Museum, que es lo mismo- para darles caza en su laberinto. Keops fue su apogeo, Ramsés II, la mascota del gato más poderoso de la historia. Un hybris imperdonable que los llevó a la decadencia. Hoy quedan pocas sucursales de esa fe agonizante. Ciertos jeroglíficos escondidos en alguna esquina cercana a Beruti y Araoz dan cuenta del último intento, abortado a medias, de levantar un gran templo: planos y presupuesto del Jardín Botánico de Buenos Aires.




