Casi Haikus » 2008 » January » 31

Coda

January 31st, 2008

Y todo el viaje
quise que estuvieras
allá conmigo.

El regreso

January 31st, 2008

Con otros fuegos
Me despide Colonia
Ojos de viento.

Mis dedos fríos
Alma que ha visto todo y
el amanecer.

Uno y otro sol
Todo lo que he soñado
se funde en el mar.

Otro despertar
De lo que amo. Vuelvo.
Río me nace.

Crónica del retorno

January 31st, 2008

El miércoles a las 13.30 salimos del alero repleto de fumones de Valizas y nos subimos al micro. En otra vida bajamos en Pan de Azúcar a las 17 y tomamos otro ómnibus, de parados, que nos depositó en Piriápolis. Volvimos a la casa de Tere y Pinocho a dejar las cosas y sacarme la mugre de 4 días de camping.
Nos reunimos con Lula y partimos hacia la rambla con Ana y Silvina. Buscando un regalo en la feria de artesanos, lo escuchamos, nos miramos y corrimos: encontramos los matófonos en un stand.


Germán y yo, en el puerto, tocando sendos matófonos.

Locos, comimos muchas rabas, tomamos mucha Patricia e hicimos otras cosas que acaso no recuerde. Oímos el pediátrico croac de apareamiento de las ranas, camino a la terminal. El jueves, a las 00.00 clavadas, escalamos otro micro que nos dejó en Tres Cruces, Montevideo, a las 2, para tomar un último bondi con destino a Colonia, a las 3. Me despertaron con una foto a las 5, cuando subimos al buque. Que partiría a las 6 y llegaría a Buenos Aires a las 10. Pero para eso faltaba…

Piriápolis/2 – De otros despertares

January 31st, 2008

Despertaba en Piriápolis. Miraba el techo desconocido. Soñaba, y me despertaba esperando escuchar el tut tut de un pájaro repiqueteando en la ventana. Pero no. Cuarenta millones de micros de larga distancia y el Circo de Cutini o de los Hermanos Sarlanga o lo que mierda fuere que anunciaban, pero nada más. Ninguna calandria. Y cuando esos ruidos se fundían al silencio, los oía a ellos. A ellos y a las sopapitas. Y yo, que los quiero muchísimo, los odiaba por suertudos. Porque, acostados a medio metro, estaban demasiado lejos. Oía las sopapitas y quería sacarme las orejas o la cabeza porque no era como ellos. Porque nunca sería como ellos. Miraba el techo, desconocido, y sentía el burako enorme, te juro, que me sacaba el aire.
Me levantaba sin hacer ruido y me iba a desayunar.

Pinocho

January 31st, 2008

Pinocho toma whisky y fuma Nevares. Pinocho es mortal. Luego, Pinocho es uruguayo. Sentado en el sillón del comedor le grita a la TV por cosas políticas, de esas en las que tiene razón. Pinocho y Teresa nos recibieron como hijos en su casa de Piriápolis y nos dieron de comer como a nietos, acaso porque sean de la gran familia gran. “Estás muy flaco, comé algo”, me dice Pinocho, y trae fiambre y mejillones. “Vení y tomate un whisky”, me dice, aunque no sé por qué. A todo le digo que no, sin causa aparente. Hasta que una tarde entiendo que entiende. “Vos tenés nostalgia, se te nota en la cara”, me dice. “No es bueno extrañar así”. Luego, Pinocho es mortal, pienso, aunque a veces parezca otra cosa.