Abajo nuestro, alfombra de jazmines. Más abajo aún, el cielo abierto.
-Qué vivo, te gustan las lindas a vos.
-Ya sé, tengo que apuntarles a las feas, porque de las lindas me enamoro y ahí se va todo al carajo.
Escuché un claro perdido, apuramos otro trago, y seguimos mirando hacia arriba.
This entry (Permalink) was posted
on Friday, March 21st, 2008 at 11:44 pm and is filed under De giras psicotrópicas, Disgresiones.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0
feed.
You can leave a response
, or trackback
from your own site.


2 Responses to “”
March 22nd, 2008 at 12:21 am
Cuando abajo estaba el cielo abierto no importaban ni la dureza del piso ni los dolores del cuerpo. Era la edad lozana, la sangre que bulle y deafía a cualquier termostato.
Ella era linda más allá de que lo fuera o no. Ella era linda porque hacía lindos días por un aquel entonces que no está tan lejos.
Pero es cierto. Las lindas enamoran, se prenden como garrapatas a nuestros hilitos más íntimos y nos hacen marionetas. Y muchas veces se nacen ellas mismas en esas marionetas. La macana es que nosotros no nos damos cuenta hasta que demasiado arde o es demasiado tarde…
March 22nd, 2008 at 12:42 am
El día que fui más feli´z…ví un roto de cielo.
Después me caí, obvio. Pero no sabés como me remontan los ojos verdes!
chuicks!
Leave a Reply