April 4th, 2008
Viernes, 6 am. Sólo a mí se me ocurre conocer Camino Negro, justo en ese momento. Concentrado en salir de ahí lo antes posible, iba a 120, más o menos, he ido a más. La puta madre, son enormes las ratas que hay por acá, pensé cuando la ví cruzarse. Frené, pero no lo suficiente; me refutó el golpe seco que hizo mierda el guardabarros. Más preocupado por la propia supervivencia, dejamos atrás a esa gata rayada sobre el pavimento, y volví casi ileso. Hoy no sólo me siento como el culo por haberla matado. Más aún, no dejo de pensar que quisieron avisarme. O reprocharme de antemano. Y yo no entendí a tiempo.
April 3rd, 2008
En agosto del año pasado yo ya estaba fuera de la gira, pero eso no quería decir que no pudiera acompañar las de los demás. Esa noche, por ejemplo, zafamos de ser pungueados regalándole un porro a cuatro pibes. Y era apenas la una. Terminamos en ese depto extraño de Juní y Paraguay, de G, compañero de facultad de G. Sí, los dos son G. G tenía un gato, cuyo nombre y apariencia no recuerdo. Ellos prendieron uno de los sobrantes y se pusieron a buscar por MSN algo para hacer ese sábado. Despierto desde las 8, yo me recosté un rato en la doble. No era obvio, sino inevitable: me levanté poco después con el gato sentado sobre mi pecho, mirándome. Y otra vez el sobresalto, los gritos, las risas burlonas. Ya me estaba empezando a parecer raro.
April 2nd, 2008
La pascua anterior estaba en plena gira psicodélica y psicotrópica. Promediaba un fin de semana largo que mamadera, cuando caí en ese depto conchetísimo del centro de Recoleta. Libertad y algo, ponele, cerca de esa plaza. Charla parca con los presentes -conocidos antes de conocerlos, por esas charlas- prendemos uno, entramos a limar con videos y a la larga descartamos nuestros planes de ir al show de strippers. Empecé a improvisar mi rutina para entretener fumados, cuando noté que el gato me miraba mal. Más oscuro, gris amarronado, y más peludo, me miraba fijo y se acercaba. Yo me acurrucaba en el sillón y gritaba ay, que me va a comer el gato, mirá como me mira. Todos se cagaban de risa. Después me dormí, como siempre. Desperté y también estaba ahí, al pie de la mesa, sentado, clavandome la mirada. Tuve que despertar a un amigo del dueño para huir de la muerte, de la muerte de la fiesta, y salir al fresco a tomarme el 59 y no volver nunca más.