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Diario del 504 – Día II

May 30th, 2008

Hoy estuvo peor: tres viajes en todo el día. Encima de Pavón y San Martín a la estación, todo así. No se ve un alma en la calle, a lo sumo un par de personas por Mitre o Pavón. Yo no sé qué hace la gente, pero no me gusta que no haya nadie. El Negro Martínez dice que con la falta de laburo, nadie va a querer salir para que lo maten al pedo. Yo no sé, pero más vale que empiecen a salir o nos fundimos todos. Encima el coche empezó a traquetear de a ratos y me parece que son los ejes. No me quiero imaginar lo que me va a costar el arreglo. Subí la radio para no escucharlo. Mejor no escuchar.

Diario del 504 – Día I

May 27th, 2008

Es increíble la malaria que hay. Hoy hice cinco viajes. Cinco nada más. Y todos cortos; veinte cuadras o menos. El único más o menos fue un ingeniero que iba al centro a una entrevista. Hace tres meses que busca laburo, dijo, y nada. Cómo será que lo alcancé hasta Constitución y de ahí se tomo el subte, porque para el viaje entero no le alcanzaba. Si esto sigue así, yo no sé qué va a pasar.

Sé que esto no es un 504. Es a modo ilustrativo, hinchapelotas...

I have a dream

May 24th, 2008

Buscar el signo que nos salve a todos.

Tengo un sueño.

Otro día se los cuento

Bicicletas

May 21st, 2008

Se distrajo. El tropezón no fue caída, pero sí golpe pechito con pechito, tumulto, bardo, diplomática salvación y postergada condena de “a la salida cobrás”. El escenario atardeció a las 18 cuando desencadenó la bicicleta de la jaula, se escabulló entre la masa y salió pedaleando. No tenía espejo retrovisor; recién se le erizaron los pelos cuando escuchó el arranque agudo del Uno negro, 0km, impecable. Aceleró, dobló por San Martín y sintió la goma contra goma que casi fue tropezón y caída. Se mezcló entre los otros autos pero pudo espíar que aún lo seguían. Volteó y vio por última vez la barrera baja del Mitre. “No queda otra”, pensó. Bajó la cabeza y pedaleó más fuerte.

Bajo la cabeza y pedaleó más fuerte

Ricardo’s Blues

May 21st, 2008

Con la anteúltima puteada volvió a sentirse más insignificante que las pastillas que arrancó de la alacena, para calmarse. Dudó dos segundos. La culata acarició la mano sobre el estante. Dudó dos segundos toda la vida. “Un día de estos…”, masticó, y agarró la escoba y la pala.

Nube

May 20th, 2008

Era un sólo charco. Ví luz, me hice gotas, y subí. Me hice nube y navegué todos los cielos, acaso demasiados. Dicen que bajé alguna vez, yo no creo en esas cosas. Toda la vida o tres días no supe dónde estaba. Hasta que anoche me lloví sobre todo y me mojé con mis gotas.

Cuando aún era nube

Lazo

May 16th, 2008

El arte no siempre es un esgrima. A veces es una doma que te rodea y no te suelta. Ayer, una me enlazó antes de que pudiera poner un cobre en la máquina de boletos. Me dio la espalda todo el corto viaje; sólo cuando me paré para bajarme y la volví a ver, quedé atado del todo. Todavía tengo las pupilas aferradas con alma y vida al paragolpes de un 19.

Ariel/2

May 14th, 2008

Ahora tomo clases de Pa-kua en Palermo Natural Mistyc. Practicamos patadas con inexpugnables nombres chinos. Pie derecho adelante, vuelta, miro atrás, pateo con el talón del pie derecho. Cuatro, y a la quinta por mareo y falta de espacio me voy contra la pared y pateo puerta, manija y barandal.
Ariel se frota las manos y se arrima a mi pie arrodillado e hinchado. Presiona donde debe. Sigo la práctica sin problemas y a los dos días ya ni hinchado tengo.

May 13th, 2008

Tenía la nariz rasguñada

Estaba en el ex-Belgrano Norte (Retiro-Villa Rosa) de las 14.30 del domingo. Flaco, tenía cara de miedo y nariz rasguñada. Las zapatillas de la señora juraron que no era suyo. Cuando el tren partió, quiso saltar por la puerta y el guarda lo atrapó justo. Se agarraba con alma y garras a su salvador, que se perdió por otro vagón.

Y se fueron al cuarto vagón

Ariel/1

May 13th, 2008

Era un pendejo insoportable cuando tenía 4 ó 5 años y acompañaba a mi viejo a hacer Kung-Fu frente al Jardín Japonés. Estaba demasiado hinchapelotas ya esa tarde, pidiendo jugar al fútbol, así que Ariel me agarró y empezó a masajearme la cabeza. En un minuto me senté. Rápido, me sacó una zapatilla y me apretó distintos puntos del pie. Tres minutos después estaba dormido.