Rojo
March 15th, 2010Tu espalda cruel y generosa era peor que chocar contra una pared de un millón de alfileres. O de un sólo alfiler a la altura del ojo. El ojo que te miraba mientras se desangraba. El ojo que te veía ir y venir los 2.000 kilómetros sabiendo que nunca ibas a llegar. El ojo que había visto un árbol, y una ventana, y un cuarto casi en llamas. El ojo que ya no veía nada, cubierto de sangre.

