Rojo
Tu espalda cruel y generosa era peor que chocar contra una pared de un millón de alfileres. O de un sólo alfiler a la altura del ojo. El ojo que te miraba mientras se desangraba. El ojo que te veía ir y venir los 2.000 kilómetros sabiendo que nunca ibas a llegar. El ojo que había visto un árbol, y una ventana, y un cuarto casi en llamas. El ojo que ya no veía nada, cubierto de sangre.
This entry (Permalink) was posted
on Monday, March 15th, 2010 at 9:52 pm and is filed under Esgrima de miradas, The Twitter Press.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0
feed.
You can leave a response
, or trackback
from your own site.


Leave a Reply