Casi Haikus » Abrazos

Galeano tenía razón

December 12th, 2007

Quisimos, tarde y en vano, matarnos. Terminamos dando vida. Cuando te vi de nuevo pensé que nada importaba ya. Nunca más importó otra cosa. Descalzo sobre el empedrado, meciéndonos en el agua del dique, de cara al otro sol. O con Febo arriba nuestro, el pasto de la plaza y el gamulán abajo. Y en la nieve a la que no fuimos. Dos, una que no quería ser y eramos uno. Te veía venir lento, mientras me caía adentro tuyo, y me rescataste. Tibios de luz propia, los abrazos eran eternos. Vivimos otra vida y otro siglo en cada uno. Pensaba que no, que no te iba a poder soltar, que no te iba a dejar ir, y que me moría un poco cada vez que terminaba. Pero volvía a la vida cuanto te miraba o al tercer día, cuando nos volvemos a encontrar. Y teníamos razón, todos. Nos dimos el último siglo de vida, bajo el último eclipse de nuestro sol. Fue la pequeña gran muerte y fue la última. No he resucitado desde entonces.

De lo que fue y no debía ser/1

December 11th, 2007

Éramos palabra. Te sentía lejos. A veces estiraba los brazos por kilómetros y te tocaba apenas, con la yema de los dedos. Dormí otras tantas, con mis codos en los tuyos. Cruzamos miradas eléctricas y silenciosas al vernos, café con leche de por medio cuando más lejos estábamos. Vos me preguntabas y nunca supe qué responderte. No sé qué estaba pensando. No sé qué estaba haciendo. Sólo sé que de a ratos te miraba a los ojos y me perdía. Caía y caía por kilómetros y nunca tocaba fondo. Vos me rescatabas, porque debía irme o vos tenías cosas para hacer y uno no puede quedarse cayendo toda la vida, por muy hermosos que sean los ojos por los cuales se cae y por mucho que me hamaques con la mirada.

La pequeña muerte

December 11th, 2007


No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte llaman, en Francia, a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman, pero muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

Eduardo Galeano, El Libro de los Abrazos

Posted in Abrazos | 1 Comment »