January 20th, 2008
Tras mucho caminar la negrura, arribamos al “centro” de Valizas y nos vimos envueltos en pequeñas llamas. Allí no hay alumbrado público; los artesanos reinvierten el ABL en botellas y bidones vacíos que llenan de arena. Adentro colocan velas. Los fuegos ténues sobran para iluminar rostros y almas. Entendí pronto que estaba en el lugar correcto. En armonía con ellos y con el universo, complementada por la música y el aire. En paz. Acaso encontrara lo que buscaba.

January 19th, 2008
Los pastizales
Me guían al tesoro
Sol de Valizas

Busco unos fuegos
Para quemar amores
De primavera

Quiero mar y sal
Que laven heridas
y lleven olvido.

January 18th, 2008
Valizas queda en Rocha, a algunos kilómetros de la ruta interbalnearia 9, entre Aguas Dulces y Cabo Polonio. Valizas también queda a un siglo más o menos del día de hoy. Hay gas a garrafa, agua corriente de a ratos, pozos y aljibes adornan unos treinta ranchitos, cinco autos levantan polvareda entre dos o tres almacenes y bolichitos para masticar algo. Hay playas anchas, vastas en dunas, con un mar de mostrador que mucho truena y poco ahoga. Sinuosas calles de selva para perderse de noche y encontrarse los amaneceres. En Valizas se puede germinar una carpa en cualquier parte, sentir la tierra con los pies, fumar por la calle, gritar a las nubes. En Valizas aún se puede respirar, vivir, sentir. Puede el hombre ser hombre, ser vida, ser sueño.
January 18th, 2008
Quienes esperan el llamado buscan en el cielo, se acuestan a oir la tierra, adivinan figuras en el fuego. A veces, el fuego y el llamado vienen de adentro. Lo importante, en definitiva, es estar en el lugar correcto, en el momento indicado, para atraparlo. Ese domingo vino de adentro de Lucía, que nos despertó 10.21, mucho después de lo debido: para agarrar el primer viaje debimos levantarnos a las siete, y el último del día partía 10.25. Agarramos las mochilas hechas y salimos corriendo de nuestra cómoda sede del siestario. Cuatro minutos después, en Misiones esquina Zufriateguy, con equipaje de sueño, calor y cansancio, tomamos el último colectivo a Pan de Azúcar y abandonamos la ciudad de Prometeo. A llevar el fuego, a buscarlo a otras playas.
Parada de micros en Pan de Azúcar
January 17th, 2008
Al día siguiente de hablar con Iemanjá, el mar se sobresaltó un poco. Tuvimos la brillante idea de salir del agua por la escollera. Una ola me llevó puesto y me hice mierda ambas rodillas. En la izquierda todavía tengo la herida.
January 17th, 2008
Me recomendaron hablar con Iemanjá por mi problema. Que le lleve una flor blanca y celeste. Que le pida que me la traiga de vuelta o me ayude a olvidarla. “Hablá con ella”-me dijeron. “Ella va a saber qué hacer.”
Así que esa noche corté unas pocas blancas de laureles callejeros, camino a la rambla. Nos vaciamos unos tabacos y botellas. El mismo viento que acaso había limpiado la playa de gente, me empujó, solo, hacia la arena. Hacia ella.
Saqué las flores a medio marchitar del bolsillo de la campera. Las eché a las olas. Se quedaron en el mismo lugar donde cayeron. Las palabras del corazón y la locura a veces no son las mejores para hablar con algunas deidades, pero así hablé a la madre de los peces, para contarle mi dilema y preguntar qué hacer. Le pedí una señal para guiarme.
Por toda respuesta, tres gaviotas pasaron volando de norte a sur. Se fundieron con la espuma del mar y las luces del cerro. Por el norte apareció también otra. Parecía no poder pilotear el viento, hasta que una segunda gaviota acudió en su ayuda y se perdieron por donde vinieron.
Volví a la rambla y pensé que es cierto eso de que los oráculos no mienten ni se equivocan; siempre dicen la verdad. Pero las pitonisas y los sacerdotes, ah, como joden todas las cosas, esos…

January 17th, 2008
“Ay, Facu es muy gracioso” sentenció Ana, madre de Lula, en una sobremesa. Confesé a su hija y a Germán que el decirme eso me da pánico escénico. “Decíselo”-sugirió Lula -”se va a cagar de risa y va a confirmar que sos muy gracioso.” Es inútil, pensé. Estoy condenado al éxito.
January 17th, 2008

Llegué a la ciudad del fuego el martes por la mañana. Lula me esperaba que la esperara en la terminal. Germán llegó poco después. Deshonré el onomástico de la ciudad: en lugar de arder, hice culto de dormir como un oso y comer como un lechón la mitad del tiempo. Ocurre que Buenos Aires me desvela, y cuando me voy a engañarla, me gusta dormir. No creo que se ofenda. Para algo están, “las otras”. El resto del tiempo ibamos a la playa o a caminar. No mucho, para no interrumpir la siesta. Giras psicotrópicas y psicodélicas por los bosques, o sociofóbicas por la rambla. Alguna cerveza perdida en la playa, charlar con algunas gentes. Comenzaba a creer que no encontraría nada allí. En la ciudad de Prometeo, yo dormía con velas.
January 17th, 2008
Francisco Piria Grosso nació en Montevideo el 21 de agosto de 1847 y se murió en el mismo lugar el 11 de diciembre de 1933. Se fue a Europa, volvió a los 16 años, hizo algunos negocios previos necesarios. De la nada, del aire, creó Piriápolis, el Hotel Argentino, una iglesia que no fue. Rodeó todo de energía y misticismo. Tenía fuego en el alma y en el culo. Creo que si lo dejaban, por ahí te creaba otro universo. Por ahí anduvo la cosa.

Perfil del Hotel Argentino y de la noche en que partimos, el 16/01