May 3rd, 2010
La TV de los sábados es una mierda. La TV es una mierda. Acabo de terminar de cenar y me apura mi amigo que me va a pasar a buscar, pero estuve toda la tarde limpiando la trompeta y pensando en vos y no tengo ganas de ducharme. Me prendo un pucho. El cielo está despejado, se ven pocas estrellas, y las pelotas siguen cayendo del árbol del fondo, y los pinos se siguen sacudiendo con el viento como si no pasara nada. Y pasa. Pasa que te extraño. Pasa que no sé cómo pasó. Pasa que no es suficiente tortura tenerte lejos como para encima no poder hablarte. Pasa que no sé bien lo que pasa. Pasa que pienso en dentro de unos meses, cuando estés acá y no haya ninguna luz prendida ni ninguna sábana en su lugar. Pasan los abrazos pendientes, en todos los besos que ya nos estamos dando pero tardan en llegar. Pasa que no encuentro forma de explicarlo. Pasa que no se puede explicar. Pasa que en unos meses también va a ser sábado a la noche y nosotros no vamos a saber ni qué día es, ni como nos llamamamos, porque nos vamos a llamar “te quiero”, “te adoro”, y eso que no podemos decirnos. Pasa que un día va a ser sábado a la noche y vas a estar acá.
May 3rd, 2010
Manejo casi de noche. General Paz, Ricchieri, Ezeiza. Estaciono. Falta media hora para que aterrices. Salgo a prenderme un pucho. Esclarece. Te anuncian. Como te anuncié tantas veces. Como si hiciera falta anunciarte. 17 minutos. Aterrizás. Aduana. Migraciones. La manga, tus pasos, el traqueteo de la valija, la gente que viene y va, los latidos unidos y arrítmicos, mis pasos en círculos. Y emerges entre el vidrio y el plástico. Y veo tu pelo, tu cara ubicua, tu todo. Y avanzás. Me quedo quieto. Un paso, y otro. Avanzo.
April 27th, 2010

Foto: artemisa.zonalibre.org
El hombre cazado, caza quiere. Mi nombre es Acteón, y me han convertido en Ciervo. Me persigue mi propia jauría, la tuya. Soy tu presa, rodeada, entregada, muerta. Yo no esperaba encontrarme con espectáculo semejante, pero sé que merezco el castigo. No esperaba que las mordidas me alcanzaran en este bosque.
April 20th, 2010
Si por cada palabra vertida al aire
por cada silencio que te grita
Si por cada momento que te recuerda
por cada rincón que te evoca anticipada
Si por cada sueño en el que irrumpes
por cada latido con dedicatoria
Si por cada desbeso desperdiciado
por cada abrazo que queda trunco
Si por cada árbol que te florece
por cada charco que te hace río
Si por cada viaje que no nos acerca
por cada segundo que nos arrima
Si por cada uno de esos instantes
avanzaras un paso,
Ya seríamos beso, abrazo y uno.
March 22nd, 2010

Nos enfriamos y nos teñimos de gris. Subimos, nos evaporamos. Nos caímos, desperdigandonos con furia, aterrizando en lugares desconocidos. Nos derribamos sobre la hoja de un laurel, sobre un vidrio solitario, sobre una pared de ladrillo, sobre una nube, sobre vos, sobre todos. Porque todos somos la lluvia, todas nuestras gotas.
March 15th, 2010
Tu espalda cruel y generosa era peor que chocar contra una pared de un millón de alfileres. O de un sólo alfiler a la altura del ojo. El ojo que te miraba mientras se desangraba. El ojo que te veía ir y venir los 2.000 kilómetros sabiendo que nunca ibas a llegar. El ojo que había visto un árbol, y una ventana, y un cuarto casi en llamas. El ojo que ya no veía nada, cubierto de sangre.
March 11th, 2010
La ausencia, la falta de beso, la nada. El desbeso puede ser más fatal que la gripe, que el SIDA, que los accidentes de tránsito. Puede el desbeso matarte de a poco, implotarte desde adentro, dejarte tan pequeño como la nada, como la distancia entre dos bocas. Puede el desbeso, en definitiva, partirte en millones de pedazos, uno por cada uno de los besos no dados, y que nadie se digne a levantarlos.
March 11th, 2010
Lo que mata es la cama deshecha, las palabras que no se dicen, el beso sin dar, el desbeso.
March 10th, 2010
Un puñal nacido del medio de la tierra, de aleaciones milenarias, de la mano firme de un herrero, es el puñal que sangra y gotea sobre la tierra, que destroza piel, nervio, hueso, que se clava en lo más profundo de un corazón que deja de bombear hacia unos ojos que sólo ven antes de cerrarse una mano y un puñal que sangra.